—¿Qué vamos a hacer ahora? —Se lamentó Lorenzo.
Marina se derrumbó sobre el sofá y esparció sus ruinas por la alfombra. Necesitó consultar por dos veces el fondo de su vaso antes de atreverse a contestar, antes de tener siquiera una idea consciente de lo que había ocurrido en esa habitación. Él tampoco tenía prisa.
—Aquí, de momento, no ha pasado nada de lo que debamos avergonzarnos o por lo que tengamos que pedir perdón. Sólo ha sido un impulso estúpido provocado por la euforia del negocio y los vodka con tónica, y tú lo sabes; no me montes una escena a estas alturas, Lorenzo. Vamos a salir de aquí por la puerta principal, sin rodeos sospechosos: somos socios, no lo olvides.
—Ha sido el típico beso ritual al que se entregan, apasionados, dos socios que acaban de cerrar una venta. ¿Eso es lo que ha pasado? ¿Es eso lo que le contarás mañana a Luis?
—Luis no tiene por qué saber nada, y tú me vas a jurar ahora mismo que no harás ninguna estupidez de las tuyas, que te conozco, y al final, las copas te sacan las palabras de dentro, como si el gas de la tónica las hinchara hasta expulsarlas a través de tu boca.
Marina se derrumbó sobre el sofá y esparció sus ruinas por la alfombra. Necesitó consultar por dos veces el fondo de su vaso antes de atreverse a contestar, antes de tener siquiera una idea consciente de lo que había ocurrido en esa habitación. Él tampoco tenía prisa.
—Aquí, de momento, no ha pasado nada de lo que debamos avergonzarnos o por lo que tengamos que pedir perdón. Sólo ha sido un impulso estúpido provocado por la euforia del negocio y los vodka con tónica, y tú lo sabes; no me montes una escena a estas alturas, Lorenzo. Vamos a salir de aquí por la puerta principal, sin rodeos sospechosos: somos socios, no lo olvides.
—Ha sido el típico beso ritual al que se entregan, apasionados, dos socios que acaban de cerrar una venta. ¿Eso es lo que ha pasado? ¿Es eso lo que le contarás mañana a Luis?
—Luis no tiene por qué saber nada, y tú me vas a jurar ahora mismo que no harás ninguna estupidez de las tuyas, que te conozco, y al final, las copas te sacan las palabras de dentro, como si el gas de la tónica las hinchara hasta expulsarlas a través de tu boca.
No era la primera vez que ocurría, pero este beso fue distinto, y los dos lo supieron en el momento justo en el que separaron sus labios. Ya no se trataba de demostraciones de amistad más o menos cariñosas, como las de cualquier borrachín de congreso, como las que habían visto minutos antes en el salón del hotel: aquello había sido puro sexo.
Etiquetas: Yisus
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