El sonido largo y grave del klaxon del camión desapareció tan bruscamente como había surgido y los potentes faros pronto se hicieron invisibles tras la lluvia que seguía cayendo a mares. Luis no veía nada, sólo el agua que le caía por la frente. Tenía que encontrar su coche, llegar al hotel y encararse con Marina y Lorenzo. Montar una buena escena, darle un par de puñetazos a ese cabrón y poner a su mujer en su sitio. Eso es lo que se esperaba de un marido despechado, ¿no? De pronto le pareció una escena de una película mala de sobremesa y le flaquearon las fuerzas.
Caminaba abotargado por el arcén, completamente empapado e intentando en vano adivinar las huellas del frenado sobre el asfalto. ¿Dónde se había metido la camarera esa que se había largado con su coche? Todo esto parecía una pesadilla…
Al pasar la curva vio su coche varios metros fuera de la carretera, parado en medio del campo con los limpiaparabrisas agitándose a gran velocidad, como si quisieran pretender que allí no había pasado nada y que lo único importante era seguir limpiando de lluvia la luna delantera.
Cuando Luis llegó al lado del coche, la chica acababa de conseguir abrir la puerta con dificultad y se lanzó sobre él chillando que casi se mata. Le clavaba con fuerza las uñas en la espalda, abrazada a él sin dejar de gritar. Luis sentía cómo se pegaba a su ropa mojada el calor del pánico de la joven y se sorprendió de su excitación…
En ese momento oyeron una sirena que se acercaba hacia ellos. Era un coche patrulla de la Guardia Civil de Tráfico que salía de la carretera y se aproximaba a gran velocidad.
Caminaba abotargado por el arcén, completamente empapado e intentando en vano adivinar las huellas del frenado sobre el asfalto. ¿Dónde se había metido la camarera esa que se había largado con su coche? Todo esto parecía una pesadilla…
Al pasar la curva vio su coche varios metros fuera de la carretera, parado en medio del campo con los limpiaparabrisas agitándose a gran velocidad, como si quisieran pretender que allí no había pasado nada y que lo único importante era seguir limpiando de lluvia la luna delantera.
Cuando Luis llegó al lado del coche, la chica acababa de conseguir abrir la puerta con dificultad y se lanzó sobre él chillando que casi se mata. Le clavaba con fuerza las uñas en la espalda, abrazada a él sin dejar de gritar. Luis sentía cómo se pegaba a su ropa mojada el calor del pánico de la joven y se sorprendió de su excitación…
En ese momento oyeron una sirena que se acercaba hacia ellos. Era un coche patrulla de la Guardia Civil de Tráfico que salía de la carretera y se aproximaba a gran velocidad.
Etiquetas: Carolina
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